lunes, 1 de febrero de 2016

GÉNESIS. CAPÍTULO 2.

21Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus muchedumbres.
2Para el día séptimo había concluido Dios toda su tarea; y descansó el día séptimo de toda su tarea.
3Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque ese día descansó Dios de toda su tarea de crear.
4ª Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.

Paraíso y pecado (Ez 28,12-19; Dt 28,63s)

4b Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, 5no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia a la tierra, ni había hombre que cultivase el campo 6y sacase un manantial de la tierra para regar la superficie del campo.
7Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.
8El Señor Dios plantó un parque en Edén, hacia Oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
9El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida en mitad del parque y el árbol de conocer el bien y el mal.
10En Edén nacía un río que regaba el parque y después se dividía en cuatro brazos; 11el primero se llama Pisón,  y rodea todo el territorio de Javilá, donde se da el oro; 12el oro del país es de calidad, y también se dan allí ámbar y ónice. 13El segundo río se llama Guijón, y rodea toda la Nubia. 14El tercero se llama Tigris, y corre al este de Asiria. El cuarto es el Éufrates.
15El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el parque de Edén, para que lo guardara y lo cultivara. 16El Señor Dios mandó al hombre:
17-Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol de conocer el bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.
18El Señor Dios se dijo:
"No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle el auxiliar que le corresponde".
19Entonces el Señor Dio modeló de arcilla todas las fieras salvajes y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. 20Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró el auxiliar que le correspondía.
21Entonces el señor Dios echó sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y creció carne desde dentro.
22De la costilla que le había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
23El hombre exclamó:
-¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Hembra, porque la han sacado del Hombre. 24Por eso un hombre abandona padre y madre, se junta a su mujer y se hacen una sola carne.
25Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza.

Explicación.

2,1 Ex 20,11; Jn 5,17.

2,3 Eclo 33,7-9.

2,4b-3,24 Si todo es bueno desde y por su origen, si el hombre es la corona de un universo excelente, ¿cómo se explica la presencia del mal? ¿No son bien y mal la división más radical que el hombre experimenta? La muerte es el mal definitivo y el dolor es su anticipo; la tierra, hecha para dar frutos, da espinos; el trabajo es fatigoso y poco productivo, la fecundidad es dolorosa. ¿Por qué? Y la experiencia es universal. Quien así pregunta posee una formación y mentalidad "sapiencial" madura: se pregunta por el sentido de la vida, del bien y del mal.

Para responder, se remonta, al estilo hebreo, al origen de la humanidad entera. Entre la bondad inicial y la situación actual ha sucedido una quiebra que se llama desobediencia a un precepto positivo de Dios. Esa quiebra es un hecho que funda y provoca la condición de todos los descendientes: es un pecado "de origen". Lo que depende de ese hecho entra en su estela maldita.

Fue un acto responsable, del que el hombre ha de responder ante Dios. Una visión menos pesimista se expresa en Sal 104 y Eclo 17.

¿Cómo fue concretamente esa rebelión?, ¿cuál era la situación precedente? El autor no conoce los particulares del hecho y ha de elaborarlos en forma inteligible para sus lectores y con calidad simbólica expansiva. La forma ordinaria de desarrollar un hecho es la narración. Para componerla, el autor echa mano sin reparo a dos grupos de datos: unos de orígenes, de ascendencia mítica: un paraíso o parque encantado, con agua abundante y árboles prodigiosos, la divinidad que allí se pasea, una serpiente o dragón nefasto; estos datos entran en una constelación nueva a la que se subordinan. El segundo grupo de datos está tomado de la experiencia histórica del autor y de su pueblo: qué es el pecado, cómo se desenvuelve, qué consecuencias acarrea. Esto suministra la estructura narrativa, que se articula en varios actos:

a) Iniciativa divina, beneficio, don 2,4b-15.18-25;

b) Exigencia divina ligada al don 2,16s;

c) Rebeldía humana quebrantando el mandato 3,1-7:

d) Interrogatorio, sentencia y castigo limitado 3,8-24.

El estilo difiere totalmente del precedente. El autor logra sintetizar la impresión de un mundo fantástico, primigenio, con una notable finura psicológica. Es obra literaria madura, probablemente tardía (antes se solía atribuir al Yavista y fechar el siglo X). Véanse algunos de los motivos mitológicos en Ez 28,1-19.

2,5-6 Lluvia o pozos: véase Dt 11,10-12.

2,7-15 Comienza con el movimiento clásico de liberación, "sacar de... introducir en..." El primer hombre es sacado de la tierra y llevado, introducido, en el parque expresamente plantado para él.

2,7 Dios trabaja a manera de alfarero, no con la mera palabra: Is 29,16; Sal 33,15; 94,9; Tob 8,6. Su aliento es principio de vida: Job 10,8-11; Sab 15,7-11 (cfr. Zac 12,1); transforma la estatua de arcilla en ser vivo.

2,8 Edén significa delicia: es un parque de recreo. "Árbol de la vida": Prov 3,18; 11,30; 13,12; 15,4. "Bien y mal": totalidad en la esfera de los valores.

2,9 Prov 3,18.

2,10 Eclo 24,24-27.

2,10-14 Reúne los ríos más ilustres y caudalosos y les asigna un manantial único. Eclo 24,24-27 añade Nilo y Jordán.

2,15 Síntesis antes de introducir el tema del mandato. Dos verbos resumen el don: tomar y colocar; otros dos resumen la tarea: guardar y cultivar. Los primeros se usan en contextos de restauración: del destierro o la diáspora a la tierra prometida, p. ej. Ez 36,24; 37,21; los otros dos son típicos de la exhortación sobre la ley, con el significado de "cumplir y servir".

2,16-17 La fórmula del mandato "puedes..., no puedes..." y la ley con cláusula penal "eres reo de muerte" proceden de los códigos israelitas, p. ej. Ex 20,9s; 21,12-17.

2,17 Dt 30,15.

2,18 Eclo 25,1-4.13-18.

2,19-20 Dios cede al hombre la tarea de seguir nombrando. Y él, poniendo nombres, distingue, identifica, organiza: actividad básica del lenguaje. Primer acto de señorío del hombre sobre el reino animal. En el mismo acto el hombre descubre su soledad.

2,21 Job 4,13.

2,21-22 Se repite el esquema "tomar - llevar": Dios mismo hace de mediador, que presenta la esposa al esposo (nymphagogos dicen los padres griegos).

2,23 Como el hombre procede de la tierra, adam de adama, así la mujer-Hembra procede del Hombre, issa de is. Son las primeras palabras del hombre citadas en el libro: al descubrimiento e imposición del nombre se añade la expresión primordial del gozo; otra función del lengauje. Prov 5,15-19.

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